Cada 25 de agosto se conmemora en Argentina el Día Nacional de Ayuda a la Persona con Autismo. En este marco, la licenciada en Psicología Maira Bustos explica cómo enseñar a los niños a comprender las diferencias y vincularse sin miedo con un compañero dentro del espectro.

Cada 25 de agosto se conmemora en Argentina el Día Nacional de Ayuda a la Persona con Autismo, una fecha que busca visibilizar el Trastorno del Espectro Autista (TEA) y promover la inclusión. La fecha recuerda la fundación de la Asociación Argentina de Padres de Autistas (APADEA), creada el 25 de agosto de 1994.
Pero hablar de inclusión también implica enseñar desde la infancia a comprender y respetar las diferencias. ¿Cómo explicarle a un niño neurotípico que su compañero puede percibir el mundo de otra manera? ¿Cómo ayudarlo a acercarse sin miedo?
Maira Bustos, Licenciada en Psicología y co-directora del Área Infanto Juvenil de Vinculat, sostiene que la clave está en educar desde el respeto por la diversidad.
“Cuando se trata de explicar el autismo a niños neurotípicos, la mejor vía es fomentar siempre el respeto por la diversidad y la idea de que todas las personas somos diferentes“, dijo.
La especialista explica que se puede enseñar a los chicos que una persona dentro del espectro puede percibir los estímulos, procesar la información y sentir las emociones de una manera diferente.
“Se les puede enseñar que un compañero dentro del espectro simplemente percibe el mundo, procesa la información y siente las emociones de una manera distinta, ofreciéndoles ejemplos concretos sobre cómo perciben las luces, las temperaturas o los ruidos fuertes.”

Sin miedo a acercarse
Para Bustos, es fundamental que las diferencias no se conviertan en una barrera para el juego o los vínculos. Un niño autista puede compartir una plaza, una escuela, un cumpleaños o un juego con otros niños. Y cuando algo no se comprende, los adultos pueden ayudar a encontrar la manera de acercarse.
“Al desmitificar la condición y erradicar el miedo al acercamiento en el aula, las plazas o los cumpleaños, los adultos acompañamos a los niños a construir espacios cotidianos verdaderamente inclusivos.”
Bustos también destaca que, además de promover la inclusión, es importante conocer las señales que pueden indicar que un niño se encuentra dentro del espectro. Entre ellas menciona la falta de respuesta al nombre, la disminución o ausencia del contacto visual, movimientos repetitivos como aleteo de manos, caminata en puntas de pie, dificultades en la interacción con pares e hipersensibilidad o hiposensibilidad frente a determinados estímulos como ruidos o luces.
Estos indicadores resultan visibles a partir de los 18 meses durante las pautas de desarrollo esperables para la edad. Generalmente, es el pediatra en los controles de rutina o los docentes en el ámbito escolar quienes detectan estas conductas atípicas en el vínculo con otros niñosLa detección temprana permite implementar los apoyos que cada niño necesita y acompañar su desarrollo.
“La detección temprana posee una importancia fundamental, ya que cuanto antes se identifique la misma, más rápido se podrán implementar los apoyos e intervenciones interdisciplinarias requeridas para cada etapa del ciclo vital. En los primeros años de vida, el cerebro infantil cuenta con una elevada plasticidad y permeabilidad neurobiológica, lo que optimiza la adquisición de nuevas herramientas adaptativas, mejora la interacción social y eleva sustancialmente la calidad de vida del niño a medida que enfrenta nuevos desafíos evolutivos”, señala Bustos.

Sin embargo, Bustos remarca que detrás de cada diagnóstico hay, ante todo, un niño con ganas de jugar, compartir y disfrutar.
“Lo más importante es que las familias estén cerca de sus hijos y conecten con ellos. No se olviden que son niños que quieren jugar, compartir con sus familias y disfrutar de su infancia.”
Enseñar a los niños que todos somos diferentes, brindarles información y acompañarlos frente a aquello que no conocen puede ser uno de los primeros pasos para construir espacios donde ningún niño tenga que quedar afuera por ser diferente.
Lo que sí o sí tu hijo debe saber:
- “Todos somos diferentes y eso está bien.”
Explicale que su compañero puede comunicarse, jugar o reaccionar de una manera diferente, pero eso no significa que sea menos capaz ni que haya que tratarlo distinto. - “Podés invitarlo a jugar, aunque quizás juegue de otra manera.”
Enseñale que puede acercarse, proponerle un juego y compartir con él, respetando si en algún momento necesita estar solo o hacer las cosas a su manera. - “Si algo que hace te llama la atención, no te rías ni te burles.”
Si mueve las manos, hace sonidos, se tapa los oídos o tiene alguna reacción que tu hijo no comprende, explicale que puede haber una razón y que no está bien burlarse. - “Si no sabés cómo hablarle o qué hacer, preguntame.”
Tu hijo no tiene que saberlo todo. Puede recurrir a vos, a su docente o a la familia de su compañero para entender mejor determinadas situaciones. - “No tengas miedo de acercarte.”
Este quizás sea el mensaje más importante: tener autismo no significa que no quiera jugar, hacer amigos o compartir. Se puede jugar, reírse y pasarla bien juntos, aunque cada uno sea diferente. “Si tu compañero grita o tiene una crisis, no te asustes ni te burles. No intentes frenarlo ni lo obligues a hablar o a calmarse. Alejate un poquito si necesitás sentirte seguro y buscá a un adulto para que lo ayude.”
Explicarle al niño que un grito, llanto o reacción intensa puede ser una forma de expresar que algo le está pasando. Lo importante es no burlarse, no rodearlo ni intentar detenerlo por cuenta propia.

Después del diagnóstico
Después del diagnóstico, es importante que las familias sepan que es normal atravesar dudas, miedo o angustia, pero que existen herramientas y tratamientos para acompañar a cada niño.
Como explica Maira Bustos: “Recibir la confirmación del diagnóstico suele ser un momento complejo para los padres, atravesado por la incertidumbre, la angustia y, sobre todo, el miedo frente a lo desconocido. Para afrontar esta etapa, es fundamental que las familias recuerden que actualmente la ciencia y la clínica cuentan con un abanico muy amplio de intervenciones eficaces.”
A partir del diagnóstico, el acompañamiento se define según las necesidades particulares de cada niño y el nivel de apoyo que requiera. En este proceso, la familia también cumple un rol fundamental como aliada del equipo profesional, ya que conoce las situaciones cotidianas y puede ayudar a identificar qué estrategias funcionan mejor.