La Lic. Maira Rodríguez, especialista en Neuropsicología y psicóloga con orientación a padres desde la crianza respetuosa, desarma uno de los malentendidos más extendidos sobre este enfoque: la idea de que educar con respeto significa no poner límites.

En los últimos años, la crianza respetuosa se instaló como tema de conversación en consultorios, redes sociales y charlas familiares. Pero junto con su popularidad crecieron también las confusiones sobre qué significa realmente este enfoque, apoyado en la teoría del apego, la neurociencia del desarrollo y la psicología evolutiva.
Para la Lic. Maira Rodríguez, disertante del taller que se dicta en Vinculat “Crecer con respeto“, el error más frecuente es equiparar la crianza respetuosa con la permisividad. Según explica la especialista, son de hecho conceptos opuestos: mientras la permisividad supone la ausencia de límites, la crianza respetuosa sostiene normas firmes y consistentes, adecuadas a la edad del niño, y descarta únicamente las estrategias basadas en el miedo o la amenaza.
Los 3 mitos que más repiten los padres, según la especialista
- “Crianza respetuosa es dejar hacer todo” → Falso. La permisividad implica ausencia de límites; la crianza respetuosa sostiene normas firmes y consistentes, adecuadas a la edad del niño, y solo descarta el miedo o la amenaza como método.
- “Hay que evitar que el niño se frustre” → Falso. La frustración es necesaria para desarrollar tolerancia y regulación emocional. Lo que cambia no es evitarla, sino cómo el adulto acompaña al niño mientras la atraviesa.
- “Este enfoque exige padres perfectos” → Falso. Promueve adultos reflexivos, capaces de reconocer errores y reparar el vínculo, no cuidadores infalibles.
Límites sin gritos ni castigos
¿Cómo se pone un límite entonces? Según la Lic. Rodríguez, la clave está en el modo, no en la existencia de la regla. El adulto mantiene una posición firme frente a lo que no puede permitirse, pero primero regula su propia respuesta emocional para intervenir desde la calma y no desde el impulso.
En lugar de centrar todo en el castigo, la neuropsicóloga plantea correr el foco hacia la enseñanza de habilidades: identificar emociones, resolver problemas, reparar el daño causado y asumir consecuencias lógicas y proporcionales.
Las experiencias indican que las estrategias basadas en el castigo logran obediencia inmediata, pero tienen poco efecto sobre la internalización real de las normas y el desarrollo del autocontrol a largo plazo.

Los padres perfectos no existen
También circula la idea de que este modelo exige adultos infalibles. Ocurre lo contrario, aclara la Lic. Rodríguez: la crianza respetuosa promueve cuidadores reflexivos, capaces de reconocer sus propios errores y reparar el vínculo cuando es necesario, entendiendo que una relación se construye a partir de múltiples interacciones cotidianas y no de momentos aislados.
Respeto no es sinónimo de menos autoridad
Consultada sobre la idea equivocada que más le interesa desmontar, la especialista no duda: la creencia de que el respeto debilita la autoridad de los adultos. Durante décadas se sostuvo que la autoridad debía construirse a través del control, el castigo o el temor. Sin embargo, remarca, la evidencia disponible muestra que la autoridad más sólida es la que nace de la confianza, la coherencia y la seguridad que transmite el adulto.
El objetivo, sintetiza la Lic. Maira Rodríguez, no es formar niños obedientes en el corto plazo, sino adultos capaces de autorregularse, vincularse de manera saludable y resolver conflictos de forma constructiva, incluso sin una figura de autoridad que supervise su conducta.