En el Día Internacional para concientizar sobre la Muerte Gestacional, Perinatal y Neonatal, la Licenciada en Psicología Nadia Ruggeri rompe el tabú sobre el “duelo desautorizado”, el trauma de perder un hijo antes de nacer y la imperiosa necesidad de validar un dolor que es tan real y destructivo como cualquier otro.

Hay dolores que la sociedad prefiere no mirar y muertes que no se nombran. Cada 15 de octubre se conmemora el Día Internacional de la Concientización sobre la Muerte Gestacional, Perinatal y Neonatal, una fecha que pone luz sobre una realidad devastadora y que se suele transitar en silencio: la pérdida de un hijo antes de nacer o a los pocos días de vida. En este marco, dialogamos con la Licenciada en Psicología Nadia Ruggeri que presta servicios en Vinculat sobre el impacto emocional de estas pérdidas, el concepto de “duelo desautorizado”, la importancia de validar el dolor y el rol del entorno cercano para acompañar sin juzgar.
— ¿Qué implica atravesar una muerte gestacional, perinatal o neonatal y por qué es tan importante reconocer este duelo y no negarlo?
— El duelo gestacional y perinatal es el proceso emocional que atraviesa una persona después de la pérdida de un embarazo o de un bebé, ya sea en las primeras semanas de gestación, más avanzado el embarazo, o en los primeros días de vida.
Perder un embarazo o un bebé recién nacido es una experiencia que todavía cuesta nombrar en voz alta. Suele ser nombrado como “Duelo desautorizado” debido a que transcurre en silencio, muchas veces sin que el entorno se entere, y con frecuencia sin el espacio social que sí existe para otros duelos.
Eso no vuelve la pérdida menos real.
Cuando decimos que transcurre en silencio, podemos pensar que se da de esa manera por varios motivos, algunos ejemplos pueden ser:
- Muchas personas eligen no comunicar que hay una gestación en desarrollo hasta no superar el primer trimestre.
- Muchas otras no se encontraban en busca de un embarazo y la noticia inesperada se suma a la pérdida, atravesando un desafío muy vertiginoso.
- En otras ocasiones, existen desafíos reproductivos, que implican técnicas de reproducción humana asistida, y al momento de lograr el embarazo aparecen muchos temores, lo que implica la decisión de no comunicar al entorno sobre la existencia de un bebé en camino.
Resulta muy importante visibilizar este tipo de pérdidas, porque las mujeres y varones que atraviesan por muertes gestacionales y perinatales, han construído en su psiquismo y en su espacio interpersonal y relacional, un vínculo tan certero y real como cualquier otro. Lo que constituye a la pérdida en una tan importante, dolorosa y significativa, como cualquier otra.

— ¿Qué emociones pueden aparecer después de una pérdida y por qué no hay una única manera de transitar el duelo?
— Las emociones que aparecen después de una pérdida pueden ser de shock, negación, enojo, tristeza, angustia. O incluso, puede haber alegría frente a recuerdos agradables.
Es importante destacar que las emociones en el duelo no se presentan de forma progresiva o por etapas, si pudiéramos graficarlo, sería más coherente pensar en un gráfico de espiral, donde distintas emociones coexisten, suceden al mismo tiempo. En la clínica suele utilizarse la metáfora de la “montaña rusa”, para referirse a la sensación que describen las personas en duelo, de experimentar “todas las emociones al mismo tiempo”.
Esta vertiginosidad e intensidad con la que se presentan las emociones es frecuente y esperable, al igual que es esperable que la persona sienta “que no tiene energía” frente a las demandas cotidianas. El trabajo del duelo implica un “gasto energético” significativo para el psiquismo.
— ¿Qué suele ser lo más difícil para las familias después de una pérdida de este tipo?
— Una parte del malestar después de una pérdida gestacional o perinatal no viene solo de la pérdida en sí, sino de lo poco que el entorno suele saber acompañarla. Es un duelo que muchas veces no tiene ritual social reconocido, ni el mismo lugar que otros duelos: no siempre hay funeral, no siempre hay a quién presentar, y a veces ni siquiera hay certeza de que otras personas se hayan enterado del embarazo.
A eso se suma que, en algunas situaciones, la pérdida se descubre en un momento en el que el entorno ya estaba activamente esperando el nacimiento —con regalos hechos, ropa comprada, una habitación lista—, lo que agrega una capa extra de shock y de necesidad de “desarmar” algo que ya era colectivo.
No hay una manera de controlar cómo responde el entorno. Pero sí puede ayudar a identificar a las personas —dentro o fuera de la familia— con las que se puede hablar sin necesidad de explicar ni justificar lo que se siente.
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— ¿Cómo pueden acompañar familiares y amigos sin minimizar el dolor ni decir frases que, aunque sean con buena intención, pueden lastimar como “ya vendrá otro” o “a muchos les pasa”?
— Es frecuente que, frente a la necesidad de “consolar” a las personas que han sufrido la pérdida, el entorno tienda a comunicar frases del tipo: “el tiempo lo cura todo, sos jóven, ya tendrás otros hijos, tenes que ser fuerte por tu familia (si hay otros hijos), tenés un angelito en el cielo, etc”. Es importante entender que frente a estas situaciones, el rol de los contextos cercanos debe ser más parecido a acompañar desde el respeto, la ternura y la empatía, que el de “consolar” desde una frase “mágica” que traiga alivio, debido a que eso no es posible.
El duelo es un proceso que requiere tiempo y acompañamiento, y muchas veces ayuda profesional. Como familiar o vínculo cercano, puedo acompañar desde la presencia consciente y si necesito expresar algo, pueden ser frases del tipo: “Lo siento mucho”, “Me gustaría que las cosas hubieran sido de otra manera”, “Estoy con vos, te acompaño”.
Caja de los recuerdos
Otra forma de acompañar puede ser colaborar en la construcción de una “caja de los recuerdos”. Cuando muere una persona que amamos, muchos recuerdos se anclan en la materialidad: cartas, fotos, videos, y si bien cuando ocurre una muerte gestacional/perinatal el tiempo compartido es corto, aun así es posible atesorar algunos objetos que ayuden a recordar al bebé fallecido y la relación que se tuvo con él/ella.
Pueden ir en la caja de los recuerdos, el test de embarazo, una ecografía, las huellas de sus pies o manos (si alcanzó a nacer), un juguete, alguna ropa, actúan como herramientas para la memoria, y permiten capturar los momentos.

— ¿Cómo se les puede hablar de esto a los hermanitos o niños/as de la familia?
— Ante una pérdida gestacional, si hay otros hijos, seguramente la primera intención de los padres sea protegerlos del sufrimiento. No obstante, esto puede dificultar su duelo y crearles ciertos miedos.
Se puede contar de manera sencilla y entendible para ellos, pero veraz. Su manera de reaccionar será diferente según la edad que tengan, pero hacer dibujos o inventar historias es habitual. Se están expresando y forma parte de su duelo.
Existen muchas herramientas digitales como videos que ayudan a los niños a comprender la muerte, también juegos y cuentos que facilitan la introducción del tema. Se debe recurrir a ayuda profesional si se experimentan dificultades o aparece la sensación de “no tener herramientas para comunicarlo”.

Para finalizar, Ruggeri destaca que los duelos no son solamente emociones privadas que deben manejarse individualmente, sino fenómenos sociales que deben formar parte de la agenda de la salud pública y los derechos reproductivos.
La norma específica que garantiza los derechos de las personas que atraviesan pérdidas gestacionales y perinatales es la Ley Nacional N° 27.733 sobre procedimientos médico-asistenciales para la atención de mujeres y personas gestantes frente a la muerte perinatal, sancionada el 28 de septiembre de 2023. Esta ley, de aplicación en el ámbito público y privado de atención de la salud en todo el país, fue resultado de la acción colectiva de personas que transitaron situaciones de muerte gestacional y perinatal sin recibir la atención adecuada –o incluso violenta–, personal de salud, representantes políticos y otras personas comprometidas con esta temática.
La Ley estipula que las personas gestantes tienen derecho a:
- No hacer ningún examen o intervención para investigación, salvo que la mujer o la persona gestante esté de acuerdo y dé su consentimiento por escrito utilizando un protocolo aprobado por el Comité de Bioética.
- Recibir información adecuada sobre las distintas intervenciones médicas y terapéuticas que se pueden hacer durante esos procesos, para poder elegir libremente cuando existen diferentes alternativas.
- Recibir un trato respetuoso, individual y personalizado que le garantice la intimidad durante todo el proceso. El trato debe considerar sus pautas culturales, a tomar contacto con el cuerpo sin vida, durante el tiempo que demande en acuerdo con el equipo que la asiste.
- La madre puede elegir hacerlo acompañada por un profesional de salud mental. Elegir una persona que la acompañe en cualquier momento del proceso, y decidir no ser acompañada.
- Conocer las causas que originaron la muerte, si se las conoce.
- Pedir que se realice la autopsia o estudio anatomopatológico del cuerpo o asesoramiento genético.
- Ser internadas en un servicio que garantice un espacio individualizado y adecuado para la persona y su entorno familiar y afectivo.
- Recibir información sobre lactancia, métodos de inhibición de la lactancia o donación de leche. Recibir tratamientos médicos y psicológicos luego de la internación, para reducir la posibilidad de sufrir trastornos por duelos crónicos y para hacer el seguimiento de los posibles trastornos.
- Los tratamientos se adecuan a la especialidad de la salud mental perinatal.