El médico psiquiatra Franco Santisteban reflexiona sobre la importancia de cuidar el bienestar emocional, las señales que indican cuándo pedir ayuda y los prejuicios que todavía existen alrededor de la consulta psiquiátrica. Además, da tips para mantener una salud mental estable.

El 10 de octubre se celebra el Día Mundial de la Salud Mental con los objetivos de visibilizar los trastornos, luchar contra el estigma y promover recursos. Aunque hablar de esta temática es cada vez más habitual, todavía persisten ideas que llevan a muchas personas a postergar una consulta o minimizar lo que les sucede. Para el médico psiquiatra Franco Santisteban que presta servicios en Vinculat, una de las razones está en que “aquello que no se ve suele ser subestimado“.
“Nos acostumbramos a que lo que no se ve no importa tanto”, explica. Y agrega que todavía cuesta entender que la mente es un órgano más que puede “enfermarse, cansarse o necesitar asistencia, igual que el corazón o el hígado”.
A esto se suma una cuestión cultural: “Nos enseñaron a aguantar, a meter todo bajo la alfombra y a seguir adelante como si nada”. Por eso, para Santisteban, hablar de salud integral implica también darle lugar a aquello que muchas veces resulta más difícil de ver o de expresar.

– ¿Ante qué síntomas o alertas debería una persona preocuparse y consultar a un profesional?
–Si bien ir a terapia hoy está un poco más naturalizado y los motivos son muchísimos, cuando el malestar empieza a interferir con tu vida diaria sería un buen punto para empezar.
Un momento apropiado para consultar puede ser cuando cuesta un montón arrancar el día, hay insomnio o cuando la ansiedad y la angustia te gobiernan y no te dejan pensar con claridad.
En definitiva, cuando las herramientas que siempre usaste ya no te alcanzan, es momento de pedir una mano.
—¿Cuál es el mayor prejuicio o mito sobre la medicación que te toca desarmar día a día en el consultorio?
–La mayoría de las veces hay una idea errónea de que tomar medicación es una “derrota” o que te va a cambiar la personalidad.
La realidad es totalmente distinta. Siempre evaluamos cada caso en particular y los psicofármacos, bien indicados, no “tapan todo”. Se busca, con las pastillas, dar una herramienta más para enfrentar la realidad de cada quien.
Al trabajar con adultos, adolescentes y niños, es fundamental explicar acorde a la edad de quien consulta, y es algo que hace falta trabajar también con la familia y hasta con el equipo de trabajo.

—Debido al ritmo de vida actual y post pandemia —inmersos en un mundo más hiperconectado—, ¿las consultas están más relacionadas al aislamiento, a la falta de socialización y a la ansiedad?
–No quiero culpar a las pantallas, ya que crecí con la tecnología y la uso, pero sí, la pandemia fue un hito que nadie esperaba y marcó un quiebre en cómo nos relacionamos. Sus consecuencias se vieron desde el primer momento y no sabemos cuándo dejaremos de verlas.
Los humanos nos adaptamos y las consultas en busca de ayuda son, dentro de todo, la mejor de las respuestas.
Vivimos en la paradoja de estar conectados con todo el mundo a través de una pantalla, pero profundamente aislados en lo emocional.
La pandemia nos dejó secuelas de soledad, y hoy en día las redes sociales nos empujan a una comparación constante que genera una ansiedad tremenda. Nos pasamos el día consumiendo vidas perfectas ajenas mientras lidiamos con nuestra propia realidad, y eso pasa factura.
—¿Por qué es fundamental el trabajo en conjunto entre el psiquiatra, el psicólogo y otros profesionales de la salud para lograr una recuperación real?
–Porque el ser humano no viene en casilleros separados. Lo mental, lo emocional, lo social y lo biológico van de la mano.
Los abordajes son distintos. Puede ser que el psicólogo te ayude a entender tu historia, tus patrones y tus herramientas emocionales; el psiquiatra, a ver si el cerebro necesita un empujoncito, y ni hablar de la cantidad de profesionales que pueden dar intervención en salud, como Trabajo Social, Nutrición, médicos clínicos o profesores de Educación Física, etc.
Si cada uno tira para su lado, el paciente queda en el medio, mareado. Cuando laburamos en equipo, la mirada es distinta y, a pesar de que podemos preguntar cosas parecidas, más cabezas pueden pensar en más soluciones a un mismo problema.

—¿Qué le dirías a una persona que evita consultar a un psiquiatra por el miedo a ser socialmebte rotulada?
-Ir al psiquiatra no te define. Hay momentos donde hay que enfocarse en qué nos cuida. Es el equivalente exacto a ir al cardiólogo si te duele el pecho. Nadie deja de tratarse la presión alta por miedo a que lo juzguen.
Pedir ayuda es el acto de valentía más grande que podés tener con vos mismo.
Cuando una persona está intentando estar bien, eso es lo único que importa. La ayuda viene de muchas formas y colores, igual que las pastillas psiquiátricas, a las que no hay que temerles.
Tips para mantener una salud mental estable:
- Generar rutinas: no hace falta tener un calendario para todo, pero los hábitos se construyen de a poco y pequeños cambios pueden dar grandes resultados.
- Moverse/ejercitarse: no hace falta ir al gimnasio diariamente, pero encontrar lo que se puede sostener, caminar, bailar en tu casa o salir a tomar aire ya le cambia el chip al cerebro.
- Bajarle el volumen a la autoexigencia: no hay que poder con todo ni estar productivo las 24 horas. Permitirse el descanso y relajarse es parte de ser humano.
- La gente con la que nos vinculamos: el humano es un ser social, es fundamental crear comunidad y rodearse de personas con quienes puedas ser vos.
- Poner límites: aprender a decir “no” es un acto de amor propio enorme. Cuidar tu tiempo y tu energía no es ser egoísta.
- Soltar las pantallas: vivir hiperconectado nos satura la cabeza de estímulos ajenos y muchas veces no nos dejan ni dormir.